Hay pocos rincones en el mundo donde es posible caminar
entre rascacielos de vanguardia por la mañana, recorrer un sendero selvático al
mediodía y ver el atardecer con los pies sumergidos en el océano Pacífico al
final de la jornada. Panamá, el puente terrestre que unió al continente
americano hace millones de años, sigue operando bajo esa misma premisa de
conexión y contraste: un territorio compacto diseñado para vivir múltiples
viajes en uno solo.
Hoy, el viajero contemporáneo busca por sobre todo
experiencias. La tendencia apunta a destinos que ofrezcan riqueza cultural y
biodiversidad, pero con una logística amigable. En esa búsqueda, el istmo
panameño emerge como la respuesta ideal, combinando una conectividad aérea
privilegiada con una geografía que permite transitar del ritmo urbano a la
desconexión absoluta en cuestión de minutos.
"Panamá no es solo un puente geográfico; es un
destino con una diversidad de contrastes imposible de encontrar en otra parte.
Esa magia de poder cruzar de un océano a otro, adentrarse en la selva tropical,
disfrutar de una metrópoli vibrante y ascender a la cordillera en un mismo día,
. En Decameron generamos una propuesta que le permitiera al viajero explorarlo
sin límites ni preocupaciones logísticas, teniendo en la Riviera Pacífica el
punto de partida perfecto para descubrir todo Panamá". Afirma Johana
Cuan, Directora de Marketing Corporativo de Decameron.
De acuerdo a la cadena hotelera estas son 3 experiencias
que se deben hacer:
1.
Ciudad de Panamá: un lienzo de historia, modernidad y naturaleza salvaje
La puerta de entrada al país es un ecosistema de opuestos
que conviven en perfecta armonía. La capital panameña desafía la gravedad con
los rascacielos más imponentes de la región en su Cinta Costera, consolidándose
como el gran epicentro de shopping especializado y moda de Centroamérica, y a
solo unos pasos, susurra el Casco Antiguo: un laberinto de callejones de piedra
y fachadas coloniales que resguardan siglos de historia y una escena
gastronómica en constante ebullición.
Sin embargo, el verdadero sello de la capital es su
cercanía con la naturaleza. Es la única metrópoli del mundo que cuenta con un
parque nacional natural dentro de su límite urbano (el Parque Nacional
Metropolitano), sirviendo como antesala al asombroso Canal de Panamá, donde la ingeniería humana se
abre paso en medio de la cuenca hidrográfica del río Chagres.
2.
La Riviera Pacífica: el secreto mejor guardado de la costa
centroamericana
Al desplazarse hacia el occidente de la capital, el
paisaje y la experiencia se transforman. A unos 90 minutos se despliega la
Riviera Pacífica, una franja costera bendecida por un microclima seco que
garantiza días soleados durante casi todo el año. El epicentro de esta zona es
Farallón, en Río Hato, un lugar con una mística particular.
Farallón posee la dualidad de haber sido una antigua
aldea de pescadores artesanales y, al mismo tiempo, un punto de gran relevancia
geoestratégica cuando funcionó como base militar en la década de los ochenta.
Hoy, tras un profundo proceso de transformación, sus extensas playas de arena
clara y su mar tranquilo se han convertido en el refugio predilecto para
quienes buscan apartarse del bullicio urbano.
3.
Del mar a la montaña: El Valle de Antón y la Isla Farallón
La Riviera Pacífica no solo es un destino de playa; es el
punto de partida para explorar algunos de los mayores tesoros naturales del
istmo. A poca distancia de la costa, ascendiendo por la cordillera, se
encuentra El Valle de Antón, un pueblo místico con la particularidad de estar
asentado dentro del cráter de un volcán extinto, siendo así, uno de los pocos
habitados en el planeta. Su clima fresco y templado es el contraste perfecto
para un día de senderismo entre bosques nubosos, cascadas y mercados de artesanías
locales.
Abajo, frente a la línea de costa sobresale el Peñón de
la Isla Farallón. Este islote volcánico es hoy un punto de encuentro para los
amantes del avistamiento de aves y el esnórquel, ya que ofrece una vista
privilegiada a la biodiversidad marina del Pacífico panameño.
La comodidad de explorar sin preocupaciones
Para recorrer un país tan diverso, la elección del hotel
es clave. En Farallón, propuestas de hospedaje como el Grand Decameron
Panamá, A Trademark All Inclusive Resort, han entendido que el verdadero
lujo hoy en día es el tiempo y la tranquilidad.
Al integrarse de manera orgánica con el paisaje de Río
Hato, el formato todo incluido del resort permite a los viajeros aventurarse a
descubrir los senderos de El Valle de Antón, pasar un día de compras
especializadas en los grandes centros comerciales del país o navegar por el
Canal de Panamá, sabiendo que al regresar los espera la paz de una habitación
frente al mar, múltiples opciones culinarias que celebran los sabores del
Pacífico y entretenimiento diseñado para cada estilo de viaje.