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domingo, 6 de mayo de 2012

SERIES - Virtudes y Valores - Discernimiento



El discernimiento es un valor fundamental.  Utilizar el discernimiento no implica un proceso mental muy complicado ni virtuoso, como en el caso de otras virtudes o valores, pero sí requiere del uso de la perspectiva y de la habilidad de poder comparar entre un elemento o concepto y otro.  En muchos casos el discernimiento se apoya en la conciencia e incluso en el sentido de vergüenza, por lo cual se puede decir que este valor, asi como otros, es parte de la salud mental conductual, del perfil psicológico de la persona, y de su carácter moral.  Tal como sucede con todas las demás virtudes y valores, cada persona posee discernimiento en mayor o menor proporción, afortunada o desafortunadamente.

Señores lectores, el discernimiento es lo que nos ayuda a distinguir entre el bien y el mal; entre lo bueno y lo malo; entre lo moral y lo inmoral; entre lo seguro y lo inseguro; entre lo saludable y lo pernicioso.  La conciencia es uno de los principales elementos psicológicos que nos impide ir en contra de nuestro discernimiento.  El cinismo, el impudor, la desvergüenza y el descaro son elementos que nos impulsa o nos permite ignorar al discernimiento.  El discernimiento apoya al buen juicio y al sentido común.

Existen entonces dos tipos de discernimiento: el discernimiento bíblico (o cristiano) y el discernimiento filosófico.

El discernimiento bíblico es el que utiliza a la Biblia como base, criterio, modelo o autoridad, para poder distinguir entre lo que es "bueno" y lo que es "malo", desde el punto de vista de Dios.  Este concepto tiene raices muy profundas.  Proviene de autoridad hebrea, y está todo explicado en el libro de Proverbios, que nos habla de "bi-náh" (entendimiento) y de "tevu-náh" (discernimiento), Pr 2:3.  La persona que compagina el conocimiento y el discernimiento controla lo que dice y es sereno de espíritu (Pr 17:27).  A diferencia de los 'faltos de corazón', las personas de "discernimiento amplio" guardan silencio cuando deben.  No traicionan la confianza que se ha depositado en ellas (Proverbios 20:19).  Como saben que el habla imprudente puede hacer daño, las personas que tienen discernimiento son 'fieles en espíritu'.  Son leales a sus compañeros de creencia y no divulgan asuntos confidenciales que pudieran poner en peligro a estos.

Bíblicamente, el discernimiento es tan antiguo como Adán y Eva.  El árbol de la ciencia del bien y del mal bien podría decirse que es el árbol del discernimiento.  Vivir actuando humana y responsablemente es vivir discerniendo en una u otra forma.

Mientras que el discernimiento bíblico se adhiere a una norma y una autoridad superior, el discernimiento filosófico se apoya en patrones de conducta establecidos, que te ayudan a distinguir entre lo que es "bueno" y "malo", desde el punto de vista humano, cuya norma de valores se basa en la acumulación del conocimiento basado en la observación del comportamiento humano, sus motivaciones y pensamientos, etc.

Lo cierto es que la práctica del discernimiento y nuestros primeros contactos con éste, nos viene desde muy temprana edad, y a través de nuestros padres o nuestros tutores.  Ellos disciernen por ti cuando eres un bebé o un niño, y te transmiten el conocimiento de lo que está bien y está mal, de lo aceptable e inaceptable, y de lo que es seguro y lo que es peligroso.  Ligado a esto va también el concepto de obediencia.  Asi como se aprende a obedecer, también se aprenden las consecuencias del desobedecer o el elegir el camino de lo malo o lo incorrecto (la malicia).


Luego cuando uno va creciendo, a lo largo de la vida infantil se continúa adquiriendo y ejercitando el valor del discernimiento, al tiempo en que se nos expone a estímulos filosóficos presentados a través de películas o programas televisivos infantiles, o la lectura de fábulas y cuentos.  Esta étapa es muy importante para la estimulación del discernimiento y la formación del criterio correcto.  Se nos expone a historias en las que aparece un ser malvado por una parte, y un ser bueno o un héroe por el otro.  En estos cuentos filosóficos existe una línea muy marcada que separa y diferencia el bien del mal, y típica e idealmente, el joven individuo desea verse situado del lado de la línea que representa el bien, a toda costa.

Más adelante, cuando uno comienza a tener contacto con las experiencias reales de la vida (después de haber obtenido esta base importante de discernimiento, idealmente), empieza uno a observar que esa línea que divide el bien y el mal, o lo correcto de lo incorrecto, no es tan clara como en las fábulas y cuentos, o en las películas infantiles de super héroes.  Existen más áreas grises, e incluso ocurre entonces la influencia psicológica y filosófica de ciertos vicios y corrientes sociales, como pueden ser la política, la moda, las costumbres, la poderosa influencia de los medios masivos de comunicación, la propaganda, etc, que no siempre nos ayudan a discernir entre lo auténtico y lo ilegítimo, o lo armónico y lo disonante, o lo valioso o lo fino y lo ordinario.  Estas tendencias sociales nos pueden empujar hacia preferir lo equivocado.  Es ahí, en ese momento, cuando uno como individuo debe hacer el mejor uso del valor al que se refiere este artículo.


El discernir correctamente, como proceso mental y moral, nos ayuda a separar de manera efectiva el bien del mal; nos ayuda a establecer más claramente esa línea divisoria que muchas veces no existe dentro de las áreas grises de la vida.  El discernimiento muchas veces anula el concepto de "opinión".  El discernimiento máximo va más allá de las opiniones, dado que a través de él, queda muy claramente expuesto lo blanco de lo negro, sin lugar a dudas ni opiniones.  El discernir nos ayuda a separar lo verdadero de lo falso.  La falta de discernimiento nos lleva a la larga a un desequilibrio personal que luego influye en el medio social en el que vivimos.  Acomodarse a las circunstancias de la vida muchas veces es necesario, y no está mal, pero eso no es discernir.  A veces pensamos que tomamos decisiones con discernimiento, pero en realidad solo son decisiones de conveniencia.  El buen elegir nos llevará continuamente a esferas más elevadas.  Nuestra conciencia superior conoce el obrar correctamente, pero nuestra mente inferior muchas veces nos lleva a cometer errores que a la larga se convierten en un karma sin fin, llevándonos a esferas cada vez más bajas.

Asi como mencionaba en mi artículo sobre el valor Humanidad, que la avaricia y la codicia extrema nos llevan al deshumanismo, ahora les digo que también en muchos casos nubla la mente hasta anular el discernimiento.  Esta ausencia de discernimiento, en el menor de los casos nos hace pasar vergüenza, mientras que en el peor de los casos puede afectar el destino o el bienestar, o al menos la reputación colectiva de millones de personas de un país (o paises).

Muchas veces el discernimiento puede obtener ayuda en la oración, no solo porque al orar interiorizamos, sino también porque este valor, el discernimiento, encuentra apoyo en los siete dones del Espíritu Santo, que son: Sabiduría, Inteligencia (Entendimiento), Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad, y Temor de Dios.


"El bien es el bien, y el mal es el mal. No puede haber confusión"  ... Capt M

domingo, 26 de febrero de 2012

Cine: In Time



In Time, cuyo subtítulo es Time Is Money, es un filme de 2011, en las categorías acción, ciencia ficción y suspenso, estelarizada magníficamente por Justin Timberlake, Amanda Seyfried y Cillian Murphy, junto con la niña Shyloh Oostwald, muy talentosa, debo señalar, y un elenco numeroso de jóvenes y nuevas figuras.

El guión de la película comprende una serie de planteamientos filosóficos muy interesantes, sobre los cuales yace el valor principal de este trabajo cinematográfico, en mi opinión.  Además de interesante, éste posee también evidente valor escénico, y encima es complementado por la sinergía de Timberlake y actores y actrices complementarios, lo que le da al filme un ritmo muy fluído y activo.

En el futuro la estructura económica está basada en tiempo, y por lo tanto es éste la moneda de curso legal.  Como método de selección natural, los humanos son diseñados genéticamente para parar de envejecer a los veinticinco años de edad.  Cada persona posee los dígitos de un cronómetro digital marcado en la dermis del brazo izquierdo.  Al nacer, este cronómetro cuenta con un año de tiempo, que comienza a correr cuando la persona cumple los veinticinco años.  De ahí en adelante, la vida de la persona se prolonga tanto como su caudal económico le permita, y éste se obtiene, como conocemos comunmente, mediante el trabajo remunerado (en tiempo, por supuesto) en un empleo, o por haber heredado caudal.  También se puede obtener mediante los métodos delictivos conocidos actualmente, consecuente a la avaricia humana y a la actividad criminal, y para reducir estos riezgos, las personas de diferentes niveles económicos residen en zonas escalonadas; éstas separadas por fronteras que son cruzables mediante el pago de onerosos tributos.  Es una especie de "represa humana", si se fijan.

Los ricos ganan décadas, haciéndose literalmente inmortales, con las condiciones y apariencia física de la persona de 25 años, mientras que los pobres mendigan, piden prestado o roban suficientes horas para sobrevivir el día.  Para colmo, si la población aumenta demasiado su supervivencia, el sistema aumenta los impuestos y el costo de la vida, como método adicional de selección natural.  Naturalmente la persona expira cuando su cronómetro llega a cero.  ¿No les parece eso un poco parecido a la realidad en que vivimos?

En mi opinión, dos factores trascendentales sobresalen entre los planteamientos ofrecidos por esta película.  Uno es el valor absoluto e irrefutable del tiempo.  Afortunadamente en nuestra realidad nadie muere por perder el tiempo, pero en el argumento de esta película, de hecho, en una escena la madre de Will Salas (Timberlake) muere accidentalmente por un error de cálculo y previsión de tan solo segundos.  En verdad, en la realidad nuestra, en ciertas instancias el valor del tiempo, segundo a segundo es no menos importante o vital que lo aquí descrito.  El segundo elemento relevante es la omnipresente criminalidad entre la raza humana; a veces abrigada por la necesidad; otras por la mera avaricia, la codicia, y el deseo desmedido e injusto de tener más y más.  Tal vez un tercer elemento visible puede ser la torcida gestión gubernamental que no siempre legisla en favor del bien común o de las mayorías sino arrojando un resultado que sólo favorece a un minoritario grupito de privilegiados.  Representa la clásica corrupción del sistema estatal, también inspirado en la codicia y la desigualdad.  ¿Se asemeja eso en algo a lo que conocemos en la realidad?

Tras esas tres realidades, más una falsa acusación de asesinato, la película ofrece un desenlace lleno de acción y moraleja, en el que Justin Timberlake, en su papel de Will Salas, le hace valientemente la guerra al sistema.  Es muy interesante y meditable este filme, y se los recomiendo ampliamente.



sábado, 19 de noviembre de 2011

SERIES - Virtudes y Valores - Humanidad



Es fascinante ver el rol que juegan las redes sociales en el mundo y en la vida como es hoy en día, tan rápidamente cambiante, y en donde tantas fuerzas positivas y negativas colisionan diariamente.  Ayer viernes le pedí a una follower en Twitter que me diera una idea para desarrollar en este blog, y (@deikani) contestó: "con desigualdad no hay humanidad..."

Asi como hay virtudes que son poco comunes, hay otras que deben ser muy inherentes e indispensables a nuestra condición como seres humanos.  Humanismo es una de las capacidades que nos diferencian de los animales.  El ser humano es el elemento más complejo de toda la creación, y por lo tanto también lo es la definición de Humanismo.  Comencemos por lo más básico: el sentimiento de humanidad está compuesto por sensibilidad, compasión, y bondad hacia los semejantes.  Eso es lo que significa tener humanidad, o ser una persona humana.

De ese concepto básico se deriba que las Humanidades (como ciencia) son todas aquellas disciplinas que estudian el comportamiento, la condición y el desempeño del ser humano, por oposición a las Ciencias Naturales que basan su estudio en el análisis de la naturaleza y de los fenómenos relacionados con ella.  A las Humanidades también se le conocen como Ciencias Sociales, y se enfocan en los elementos vinculados a la cultura, a la religión, al arte, a la comunicación, y a la historia.

Basado en todo esto, observamos que aquellas sociedades que tienen más acceso a estas Humanidades (cultura, religión, arte, comunicación, e historia... incluso folclore) son también más humanas (o humanizadas), mientras que los países cuya sociedad tienen menos acceso a estos elementos, son más violentas y deshumanizadas.  Hay además un factor socio-económico muy importante en todo este asunto, en el fenómeno de la desigualdad.  Y ¿Por qué?

Instintivamente, el ser humano tiene que satisfacer una serie de necesidades básicas antes de tener acceso e interés por estos factores sociales y humanos.  Entre ellos: alimentación, vestido y calzado, educación básica, albergue, protección, etc.  Sin estos elementos básicos, el ser humano no puede funcionar socialmente de manera normal, y tiende a deshumanizarse, y lo que se desarrolla es un elevado sentido de lucha y supervivencia.  El individuo que carezca de oportunidades y de acceso a estas condiciones básicas, generalmente es víctima de la desigualdad.  Pero este es un extremo del deshumanismo; ahora veamos el otro extremo.



Se observa en el mundo actual una gran polarización en lo que tiene que ver con la distribución de riquezas y de oportunidades.  Esta polarización es cada vez más marcada, y por ende se ven los resultados tan horrendos, en forma de violencia, a menor y mayor escala.  Como agravante, la población mundial ha crecido y sigue creciendo exponencialmente, y esto hace que la fuerza y el volumen de las clases marginadas sea tan colosal como inimaginable y a la postre, muy peligrosa.  Los que están en el otro lado del espectro; los poseedores de las colosales e inimaginables fortunas; los acaparadores, suelen ser personas poco humanas, a pesar de su acceso a los elementos culturales.  Esto es simplemente un fenómeno psicológico, y lógicamente, igualmente peligroso.

La avaricia es una inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones.  La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.  Esta,  a su vez, está asociada a otros ejemplos de pecados o vicios sociales, tales como la deslealtad, la traición deliberada, el soborno, la estafa, el engaño, la manipulación de la autoridad, la corrupción descarada, y hasta el robo, el asalto y el homicidio.  En casos muy extremos, la simonía.  La avaricia y la codicia alimentan decididamente al fenómeno de la desigualdad social y la mala distribución de las riquezas.

La desigualdad social se refiere a una situación socio-económica (no necesariamente vinculada a la apropiación o usurpación privada de bienes y recursos), en un contexto de competencia y lucha.  La acción de dar un trato diferente a personas entre las que existe desigualdades sociales, se llama discriminación.  Los responsables de estudiar, observar y advertir sobre la presencia y el desarrollo de estos fenómenos son los sociólogos.

Un metaestudio basado en la comparación de más de 150 artículos científicos revela que los países con mayores desigualdades  económicas tienen mayores problemas de salud mental y drogas, menores niveles de salud física y menor esperanza de vida, peores rendimientos académicos y mayores índices de embarazos juveniles no deseados.  En contraste, los países más desarrollados y más igualitarios obtienen un mejor comportamiento en una serie amplia de índices de bienestar social (entre ellos, menor violencia criminal).  Una de las más graves consecuencias de la desigualdad social es la desigualdad educativa, que a su vez es una manifestación de la desigualdad de oportunidades.  Para efectos prácticos, esto viene siendo como una condena.

Rousseau, en su obra sobre el origen de las desigualdades, utilizando lo que él llama el estado natural del hombre, formula que el hombre no nace con la desigualdad.  La pérdida de la igualdad se produce, evidentemente ante la aplicación de los factores sociales-económicos.  Estudios antropológicos y arqueológicos actuales demuestran que las sociedades paleolíticas eran bastante igualitarias, es decir que en general, las habilidades, conocimientos y otros tipos de ventajas se compartían entre los más aventajados hacia los menos, y esto propiciaba el avance y el franco crecimiento de la civilización.  Otro buen y claro ejemplo es los tres principios sobre los cuales se fundó la República Francesa, tras la revolución: Igualdad, Fraternidad y Libertad.

En conclusión, para emprender el camino hacia la civilización tenemos que practicar la humanidad.  Pero como bien lo dijo mi amiga @deikani, con desigualdad no hay humanidad (o clase humana).  Tiene que haber equidad y responsabilidad por parte de todos, como sociedad por tratar de encontrar el nivel social, económico y cultural más justo y parejo posible.  Eso garantiza la paz y el saludable funcionamiento social.  He aquí una lista de virtudes, valores y principios necesarios para alcanzar la virtud humanitaria (el humanismo) y la igualdad:  Sensibilidad, Compasión, Bondad, Conciencia, Solidaridad, Honestidad, Integridad, Hermandad, Generosidad, Respeto, Tolerancia, Espiritualidad, Humildad, Justicia, Educación, Salud, Cultura, Religión, Deportes, Transporte y Medios de Comunicación.
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