A veces un par de libras de más se pueden perdonar si la causa fue justa y si el tiempo que pasamos es de primera, justo esto fue lo que pasó el fin de semana que acaba de pasar, el último fin de semana de julio fue lleno de actividades en familia, y eso vale la pena al 100%.
El viernes en la tarde llegando a casa después del trabajo, esperamos la visita de nuestra querida Tía Mima (tía de mi esposo por el lado paterno de la familia) y su ahijada Carolina. El tema de la velada era escuchar música clásica, tomar vinos y comer cosas ricas.
Los vinos:
- Gruner Veltliner, 2015, Berger, Austriaco. A mi en general me encantan los Gruner, por lo que estaba feliz con esta opción mientras disfrutabamos de varias entraditas que teníamos para la noche, entre ellas ceviche gourmet, empanadas hechas en casa y quesos.
- Montsant, Mas de Can Blau: este vino tinto más robusto lo degustamos con filete de res a la pimienta.
La velada fue encantadora con música de los grandes compositores clásicos y las óperas Rogoletto y Turandot (pueden dar click sobre el nombre para leer un artículo sobre esta obra).
El sábado fue otra agenda familiar. Temprano en la mañana nos fuimos a la Iglesia de Guadalupe a reunirnos con la familia materna de mi esposo a rendeir a homenaje y depositar las cenizas de su tío Don Jorge Rubén Rosas (q.e.p.d). una reunión familiar muy íntima y llena de sentimientos. A mi parecer momentos muy importantes para la familia ya que desde su muerte hace un mes todos los actos de despedida fueron acompañandos de un toque público y político, ya que sin duda fue un gran patriota a quien todos querían rendir tributo. Con mucho cariño la familia se reunió para un almuerzo y compartir memorias muy gratas.
En la noche, Carlos, Gabriel y yo, fuimos a cenar juntos y descansamos temprano.
El domimgo inició temprano saliendo para misa y regresamos a casa para preparar un delicioso almuerzo ya que venía mis suegros y mis cuñandos.
Como a mi suegra, Doña Doris de Mata, le encanta el risotto, Carlos se lució con uno que le quedó espectacular: risoto de langosta, conchuleas y espárragos. Para compartir antes de la comida tomamos un Rosé, Pratsch, de Austria y con el risotto un Grand Crú 2007 de Echezeauz, que según Carlos estaba aún muy joven pero valía completamente para el momento en familia.
Al final de la tarde y con tanta lluvia, nos quedamos solos en casa haciendo cine y disfrutando el resto del fin de semana :-)
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martes, 1 de agosto de 2017
sábado, 5 de abril de 2014
Degustando la excelencia de Clos Pons
| Chupito de Alubia Pinta acompañando al hermoso Sisquella |
Recientemente, Concepción
y yo fuimos invitados por H. Tzanetatos, Inc., a través de su Sommelier y
Gerente, Valérie Montulé, a la magnífica degustación de los vinos de Clos
Pons. H. Tzanetatos distribuye y
representa a Clos Pons en Panamá; empresa de la familia Pons que produce vinos
autóctonos de una joven Denominación de Origen en Cataluña llamada Costers Del
Segre. El solemne lanzamiento tuvo lugar
en el Gastrobar del prestigioso restaurante El Bodegón, y fue conducido por
Simbad Romero, joven Enólogo de Clos Pons.
El portafolio de vinos de
Clos Pons es diverso y fantástico. Sus
uvas provienen de su magnífica propiedad ubicada en la comarca de Las Garriguas
(Les Garriges), en la Provincia de Lleida.
En su hermoso paisaje se destacan los olivos y almendros, y se
caracteriza el terreno seco. La empresa
de los Pons tradicionalmente se ha dedicado al cultivo del olivo, y la
producción de aceites de primera calidad.
Bajo condiciones muy ideales para el cultivo de las vides, Clos Pons
cultiva los varietales blancos: Garnacha Blanca, Albariño, Moscatel de Alejandría, y Macabeo. Sus uvas tintas son la Tempranillo, la
Garnacha Negra, la Syrah, la Cabernet Sauvignon, y la Marcelán.
Esa noche del 25 de Marzo se
nos ofreció la oportunidad de probar tres de sus cinco vinos. Muy finamente atendidos por El Bodegón, el
restaurante abrió la oferta gastronómica al servir un Chupito de Alubia Pinta,
a la vez de su delicioso pan gallego para degustar tres diferentes aceites de
oliva, de la casa Pons. Luego vino el esperado primer vino de la
noche; el 2011 Sisquella, Costers del Segre, que fue servido junto con dos
porciones de Langostino en Gabardina con su Tártara (la gabardina es un
empanizado especialmente preparado con cerveza belga).
El Sisquella es un corte
logrado con Garnacha Blanca, Albariño y Moscatel de Alejandría. La calidad de este vino brilla por sí sola,
toda vez que la vendimia de estas uvas es manual, y utilizando cajas de 15 Kg
para proteger la integridad de las uvas cosechadas. La fermentación y crianza de la Garnacha
Blanca (componente principal del corte) toma lugar en barricas nuevas de roble
francés, durante 4 meses, con battonage cada 15 días. El vino servido es de un color amarillo paja,
de mediana intensidad, muy límpido y brillante, y borde dorado.
Presenta un buqué complejo y muy interesante, ofreciendo sensaciones
exóticas a latex fresco y hermoso perfume floral. Su desempeño en boca es fenomenal, de un
cuerpo completo, textura sedosa, y un paso largo y complejo. La estructura larga de la Garnacha Blanca se
ve hermosamente acentuada y extendida por la acidez que aporta la Albariño, y
luego un "flare" que infusiona más su final, gracias a la Moscatel de
Alejandría. Toda esa estructura se ve
proporcional y harmónicamente adornada por un arreglo interesante y elegante de
sabores a frutas ligeramente cítricas y tropicales, y suaves notas a
especias. Este vino obtuvo 90 puntos por
el crítico Robert Parker; yo le daría uno más.
Realmente me deleitó e impresionó.
| Tosta de Foie, Manzana, Piña y Manchego |
Tras la intervención
explicativa del enólogo sobre el diseño y propósito del Sisquella, más un
periodo de degustación contemplativa, se presentó el segundo vino de la noche;
el 2009 Alges, Costers del Segre. El
Bodegón acompañó el vino con una Tosta de Foie, Manzana, Piña, y Queso
Manchego, en presentación muy artística y vistosa, y sustentada por el Chef.
Alges es un vino que
recibe el mismo manejo meticuloso que el Sisquella, solo que su crianza
consiste de 10 meses en barricas de roble nuevas, de 1er y 2do año, 80% francesas
y 20% americanas. El corte en este vino
consiste en Tempranillo, Garnacha, y Syrah.
Su creador expresa su satisfacción ante un vino que muestra muy buena
expresión de terruño y viticultura de Les Garrigues. En efecto, este vino es muy expresivo tanto
en nariz como en boca, demostrando su excelente calidad de fruta, y el
excelente manejo y diseño por parte del enólogo. Buena potencia y longitud por parte de la
garnacha, pero su dimensión se ve además expresada a lo ancho del paladar, con
bella acidez y múltiples recursos, tanto minerales como frutales. Es voluptuoso y sensual, además de
elegantemente viscoso y de taninos masticables.
Este vino recibió 89 puntos Robert Parker; yo le daría uno más.
Muy agradablemente, el
enólogo, Don Simbad nos ofreció una sobremesa musical, dado que es un excelente
interprete y cantante de los ritmos flamencos en guitarra. La noche continuó con la presentación del
2009 Roc-nu, Costers del Segre. El Chef
de El Bodegón acompañó el vino con Solomillo con Salsa de Carne, Romescu, y
Aserrín de Patata.
El asunto se va poniendo
mejor y mejor, toda vez que el Roc-nu es un ensamblaje logrado con los
varietales Tempranillo, Garnacha, y Cabernet Sauvignon. Su crianza, más larga que en los vinos
anteriores, es de 14 meses en roble francés.
Es un coupage poderoso y sedoso al mismo tiempo, de grandes dimensiones
e importantes recursos, tanto en nariz como en su paso seductor por boca. Es un vino más enfocado que el Alges; sin
embargo, con desarrollo muy impresionante y abundantes sabores a bayas
silvestres, frutos oscuros; notas finales a suave tabaco. Muchos recursos en este vino; importante
expresividad, y consecuente habilidad para manejar un plato como el ofrecido
esa noche. Este vino ostenta 91 puntos
Parker.
La noche culminó con otra intervención
musical por parte del amable enólogo, mientras
que los comensales empezaron a despedirse y a salir del recinto, cada uno con
una gran sonrisa de satisfacción reflejada en sus rostros. Pocos decidimos pasar un rato más,
acompañando a Don Simbad, y nutriéndonos de sus acordes de guitarra y su
interesante conversación, cuando de repente nuestros anfitriones de H.
Tzanetatos decidieron ofrecernos la gran sorpresa de la noche.
Serie 800 de Clos Pons es
una edición sumamente limitada, de solamente 800 botellas por añada. Es un monovarietal de la cepa Marcelán,
añejado en barricas de roble francés nuevo, por 18 meses. Marcelán es un cruce entre la Cabernet Sauvignon y la Garnacha, logrado en Francia en 1961. Es una vid muy robusta y resistente a los
diferentes elementos, y que consigue gran extracción del suelo. Sumado a esto, las parcelas elevadas de Clos
Pons, cortadas en terrazas, ofrecen gran aporte mineral, contacto balanceado
con el sol y el clima mediterrano continental que contribuyen a una maduración
y una concentración estupenda. El vino
que se nos ofreció fue el 810 Clos Pons, Costers del Segre, correspondiente,
claro está, al año 2010. Es un vino de
gran complejidad y potencia, y excelente concentración de fruta. Es denso y masticable, con hermosa influencia
del roble y el tostado, taninos largos y maduros, notas minerales, balsámicas,
y sabores a grosella y frambuesa, acompañados por una excelente conversión
maloláctica que aporta sabores sutiles a chocoleche. Para mi, personalmente, fue una experiencia
fascinante el haber probado el varietal Marcelán por primera vez, y además un
privilegio inmenso que la Casa Clos Pons haya autorizado al distribuidor el
descorche y servicio de tan escasa y privilegiada botella de vino. Siento que nos enriqueció enormemente, tanto
a mi como a mi esposa.
Son vinos de calidad
excepcional, de una denominación de origen joven y emergente; vinos elaborados
con sentido de familia, y filosofía y vocación de autenticidad y
prestigio. Ahora están en Panamá gracias
al gran importador H. Tzanetatos.
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jueves, 4 de octubre de 2012
The Rock rocks!!
Varias veces este año he tenido la
intensión de ir a cenar a este suntuoso y mítico templo del buen cenar, ubicado
en Palo Alto, muy cerca de la ciudadela de Boquete. Finalmente, reservé y
fui a cenar la noche del domingo 30 de Septiembre.
La experiencia en The Rock, A Food for
Senses Restaurant, comienza con su ambiente sobrio, romántico y silencioso,
formal y elegante. Dentro del comedor principal se escucha sutilmente el
pasar del Río Caldera. Ofrece dos ambientes: una terraza en la
parte de atrás, que da hacia el río, y el comedor principal, que posee una
chimenea para los días fríos (rima y todo).
La lista de vinos es apropiada y bien
surtida. El menú ofrece unas once opciones de entradas. Luego una
sección de emparedados y sopas, que consiste de otras ocho o nueve opciones.
Siguen las especialedades de la casa, que ofrece unas quince opciones.
Finalmente una selección de cinco atractivos postres.
| Almejas y vegetales salteados en sauvignon blanc |
De entrada, opté por las almejas y
vegetales del huerto salteadas en sauvignon blanc. El plato consistía de
almejas en su concha, servidas en un caldo de vegetales y adornada finamente
con zanahorias, habichuelas, cebollas y espárragos verdes, todo cortado en
julianas bien finas. El caldo vegetal armonizaba deliciosamente bien con
los bivalvos, y de hecho, el maridaje con el Cabernet Sauvignon no estaba nada
mal, si recuerdan que ciertos aspectos de esta cepa una vez vinificada consiste
casualmente de razgos vegetales. Al final de la experiencia, en el plato
permaneció una buena porción del caldo, el cual era fácilmente accesable con la
cuchara sopera que venía en la presentación, pero decidí sumergir el delicioso
pan de la casa dos veces, y me conformé.
| Filete de res coronado con setas silvestres |
Para main course elegí el medallón de
filete de res coronado con setas silvestres. La presentación era
formidable y muy apetitosa, compuesta de un generoso corte mignon de filete,
con un corte mariposa por el medio para dar cabida a las suculentas setas
preparadas en salsa cremosa. El plato iba muy bella y ricamente adornado
con dos trozos de tocino perfectamente crugiente, y un espárrago verde.
Todo esto iba colocado sobre una cama de puré de papas. Alrededor
de esta creación, el chef adornó dibujando un círculo de pesto de perejil y
otro de tocino desmenuzado. El corte de carne estaba cocido con precisión
impecable a mi usual preferencia de tres cuartos. Debo decir que este
plato lo disfruté muy lentamente, bocado a bocado, y con el buen maridaje del
vino cabernet.
| Dúo de Créme Brûlée |
Después de esto quedé tan lleno que decidí
tomar una pausa como de una hora, antes de ordenar el postre. Esa hora
hubiera sido formidable para la buena conversación, excepto que yo fui a cenar
sólo, esa noche. De postre pedí el Dúo de Créme Brûlée, tradicional y
fusionado con café. Junto con esto pedí
una copa de vino Porto Sandeman. En
efecto la experiencia del postre fue, como reza el lema filosófico de este
lugar ¡sensacional! ¡Food for senses! ¡Alimento para los sentidos! La pareja de Crémes armonizaban entre sí como
un bello dúo musical. Probaba de uno y
del otro con mi cucharita, y luego introducía en mi paladar un poco del
Cabernet Sauvignon que había conservado en mi copa para el final, y para el éxtasis
degustativo, pequeñísimas y seductoras cuotas del voluptuoso porto.
En total, pienso que pasé unas tres horas y
media en este teatro del arte culinario; pero ¿qué mejor manera de invertir el
tiempo en Boquete un domingo en la noche?
Mi cuenta vino por B/. 72.75.
Tiempo y dinero bien invertido.
Pero al cerrar esta reseña, deseo felicitar muy sinceramente a quienes
idearon y hacen posible la oferta de The Rock.
Es un bello bistro que ofrece deleite a los sentidos gustativos y
apreciativos, y engrandece de manera valiosa y atractiva a nuestro ya hermoso
pueblo de Boquete.
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