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lunes, 9 de mayo de 2016

EN BUSCA DE: Pinot Grigio

5to Pinot Grigio del año, y voy un poco atrasado con este tema.  Se trata del 2014 San Angelo Pinot Grigio, un vino producido por Castello Banfi, Toscana IGT.  Es el segundo Pinot Grigio de Banfi que pruebo para esta serie.  A $22.50, este es el más caro.  Vayamos directo al grano.


2014 SAN ANGELO PINOT GRIGIO, CASTELLO BANFI, TOSCANA IGT:

La etiqueta indica un 12.5% de alcohol por volumen.  A la vista es dorado claro, brillante y límpido, con un fuerte borde verde.  Hay mediana expresión en la nariz después de unas tres horas de descorche, con aromas minerales y herbáceos a cal, hierba limón, cáscara de lima, fuertes notas a hierbabuena y hoja de menta.  En busca muestra buen cuerpo mediano a completo.  Los sabores amentolados se muestran desde la punta de la lengua al entrar.  Buena herbacidad durante todo el camino; brillante acidez, y final muy expresivo que perdura por un minuto y te hace salivar mucho.  Este vino debe ser delicioso con quesos añejos.  Su acidez es definitivamente su mejor atributo, brindando mediana a larga estructura y persistente final.  El vino es bastante seco, aunque no 100%.  Muestra poca complejidad de sabores y poco balance, dado que la estructura sobresale y el paso es un poco lineal y aburrido.  Muchas notas a hierbabuena, pimienta verde y te verde, y ligero toque achampañado sobre esa acidez en el tercer cuarto. 


Ninguno de estos vinos cambia mi forma de ver y sentir sobre la variedad Pinot Grigio.  No obstante, este es un buen vino.   Es más exhuberante que elegante.  De mi parte, 85 puntos.  ¡Salud a todos!


martes, 23 de febrero de 2016

EN BUSCA DE: Pinot Grigio


Es el varietal despreciado por muchos, no solo por mi; recordarán desde mis dos escritos anteriores.  Declaré en mi primer artículo que el 90% de los Pinot Grigios en el mercado son crap, y esta serie de artículos parece estar probando que estoy equivocado.  Estos vinos se están parando por sí solos para presentarse muy dignamente bien, a enseñar su mejor cara.

Esta vez, regresamos a Italia con la cepa Pinot Grigio.  Castelo Banfi es un gran productor de vinos italianos.  Son relativamente jóvenes, dado que esta empresa fue fundada en 1978.  Aunque es un productor bastante masivo, las propiedades de Castello Banfi son bastante privilegiadas; sus viñedos principales estan localizados al sur de Montalcino (en la Toscana).  Su éxito los impulsó a adquirir otras propiedades en nuevos territorios, tales como Bolgheri (DOC), el Maremma, territorio dedicado a la producción de Vermentino, y Chianti; incluso Chianti Classico.  Más importante, los hermanos fundadores, los italo-americanos John y Harry Mariani, adquirieron Bruzzone, una bodega histórica en Piamonte; ésta fundada en 1860, y especializada en la producción de vinos espumosos, hoy en día conocidos como Banfi Piemonte. 

Sobre el perfil de estos grandes productores (alrededor del mundo), es indicutible su buen uso de la más alta tecnología, orientada a proteger la integridad y la riqueza original de la uva.  El gran proyecto de Banfi siempre ha sido, por supuesto, la pureza de los clones de Sangiovese, provenientes del corazón de la Toscana.  De estas invaluables viñas luego viene el proceso de vinificación muy propio de Banfi y su enólogo prominente, Ezio Rivella, y luego su reposo muy tranquilo en madera, para dar paso a algunos de los vinos rojos más destacados de Italia.

Pero este vino en particular, obviamente no tiene nada que ver con madera.  Le Rime pertenece a la línea Toscana IGT (de Banfi).  El método de producción es free-run, para prevenir a toda costa cualquier extracción de color desde las lías.  Luego la fermentación es controlada por temperatura.  El reposo es corto, y en tanques de acero inoxidable.  Su embotellamiento también es temprano, en busca de preservar la frescura original del varietal. 

Veamos este ejemplar:

2014 BANFI LE RIME PINOT GRIGIO, TOSCANA IGT:

Presenta un 12% de alcohol por volumen.  El color es dorado pálido con un ligero tinte verduzco, muy límpido.  Se presenta bastante recatado en nariz, con aromas sutiles a oliva, orégano, té verde y detergente con aroma herbáceo.  Mucho mejor presentación en boca, con buena entrada y acidez que se muestra muy brillante, muy presente y casi desde el comienzo.  Enseña al menos un cuerpo mediano.  Su acidez explota en el tercer cuarto, y es seguida por un final exhuberante y elegantemente apimientado.  Muestra notas evidentes a oliva verde, manzana verde, seguida de kalamata, ciruela verde, te verde, y pimienta blanca y verde.  Definitivamente que hay buena complejidad en un buen bocado que se extiende durante unos buenos 50 segundos.  No se siente azucar durante ese paso; es bastante, bastente seco.  Su carácter es primordialmente vegetal-herbáceo.  Su acidez y buen final lo hacen definitivamente un vino diseñado para maridar con comidas.  Yo le pondría una buena pasta con langostinos al óleo, una ensalada capressa, o un buen filete de pescado de carne blanca al limón o al ajo. 


Por tercera vez, me siento agradablemente complacido por lo que he probado.  Aunque no es un vino blanco trascendental ni de gran elegancia, sí es un excelente vino de diario, sobre todo para la gastronomía italiana y para los pescados.  Tiene suficiente cuerpo, suficientes atributos, y más que suficiente acidez y estructura para maridar bien con comidas, y su nivel de azúcar es practicamente nulo.  Por todo esto, le doy 85+ puntos de mi parte.  Salud a todos!


lunes, 30 de junio de 2014

SERIES - Sr. Vino - Chianti



Chianti es el archi conocido vino italiano que proviene de la región del mismo nombre, ubicada en el área central de Toscana.  Aunque su historia es relativamente reciente, su impacto cultural en la mesa de familias italianas, europeas, y americanas es muy importante.  La primera noción registrada en la historia, del área vinícola establecida en Chianti, data del año 1716, cuando se definió sus confines dentro de la región conocida como "Lega del Chianti", que más tarde se convirtió en la Provincia del Chianti.

En el siglo XIX, Barón Bettino Ricasoli (quien más tarde fue Primer Ministro del Reino de Italia) diseñó la primera fórmula del vino Chianti, compuesto básicamente de un 70% de la uva roja Sangiovese, 15% de la uva roja Canaiolo, y un 15% de las variedades blancas Malvasia y/o Trebbiano.  Bettino Ricasoli no era ningún novato; su familia venía haciendo vinos en Toscana desde el Siglo XII.  Sin embargo, Ricasoli sostenía que añadir pequeñas cantidades de la uva blanca Malvasia al Chianti resaltaría su vivacidad, impulsaría su sabor, y lo haría más aproximable como vino joven.  Su terquedad al encasillarse en ese concepto fue el comienzo del desastre.

En 1932, la región de Chianti fue re-diseñada completamente al ser dividida en siete sub-regiones, que son: Classico, Colli Aretini, Colli Fiorentini, Colline Pisane, Colli Senesi, Montalbano, y Rùfina.  Más recientemente se añadió la octaba sub-región de Montespertoli.

Lo contradictorio de esta historia es que, al tiempo que el vino de Chianti se popularizaba más, mayormente también era resaltado con las uvas blancas; luego utilizando no solo la Malvasia sugerida por Ricasoli, sino además esta versión opaca de la Trebbiano conocida como Trebbiano Toscano (variedad que en Francia era utilizada, y aun es, como componente neutral a ser destilado para elaborar el Cognac).  Lejos de añadir carácter al Chianti, lo convirtió en un vino sin sentido, sin gracia, demacrado, hueco y desbalanceado.  Sin embargo, hacia la época de la Segunda Guerra Mundial, algunos Chiantis estaban compuestos por más del 30% de Trebbiano.

El asunto empeoró por razones económicas tras la guerra.  El gobierno comenzó a otorgar a los viticultores fondos para el desarrollo agricultural.  Chianti era un vino de gran demanda, por su bajo costo, y ante esta realidad, los productores del área emprendieron en sembrar nuevos viñedos; estos fuera de la pequeña y elevada región de Classico.  Tradicionalmente, Chianti ha sido la zona específicamente delimitada entre Florencia y Sienna.  Sin embargo, estos nuevos viñedos se han esparcido por toda Toscana.  Peor aun, los viveros en los que los productores confiaban para obtener nuevos plantones de vid, al verse tan presionados por la demanda, comenzaron a proporcionar un tipo de Sangiovese diferente.  Era un clon llamado Sangiovese di Romagna, traido de la vecina región de Emilia-Romagna, que era menos apto para desempeñarse bien en el terruño de Toscana.  La calidad de Chianti eventualmente colapsó, debido a todos estos factores juntos: sobreproducción, viñedos ubicados no apropiadamente, clones inapropiados, y la dilusión al utilizar uvas blancas.  Hacia finales de la década de 1960, la supervivencia de estos vinos de Chianti era más por el romance de su botella recubierta en la cesta de paja, que eventualmente eran los candelabros de la época.

Esta evolución negativa del Chianti tuvo su importancia. Dió pié al comienzo de lo que hoy conocemos como los Súper Toscanos.  Luego, los mismos innovadores productores Super Toscanos emprendieron en la tarea de mejorar la calidad el vino Chianti.  De esa manera, en 1984, Chianti fue elevado de la categoría DOC a DOCG.  Las leyes DOCG que regulan la manera de hacer vino en Chianti fueron actualizadas. Estas eliminaron la obligación de utilizar las uvas blancas, como parte de la fórmula, y permitieron que las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot, y otras, puedan ocupar hasta un 15% del ensamblaje.

Desde entonces, los vinos de Chianti han evolucionado franca y positivamente, dejando atrás su pobre imagen de "vino de espagueti"  Hoy en día, Chianti es el origen de los vinos más icónicos y reconocibles de Italia.  Son vinos de clase mundial.  Se han alejado de su imagen tracidional de la botella chata y cubierta por la cesta de paja (llamada fiaschi o fiasco).  Hoy en día la mayoría de los productores en Chianti utilizan la botella estilo Bordeaux para indicar que son vinos de calidad superior.  La ley actual requiere que estos vinos contengan un mínimo del 70% de la uva Sangiovese (80% en los vinos más prestigiosos, denominados Chianti Superiore).  La ley permite el uso de los varietales autóctonos Canaiolo y Colorino, asi como los clásicos Cabernet Sauvignon y Merlot, en cantidades muy limitadas.  En 2006, la legislación prohibió el uso de las variedades blancas Trebbiano y Malvasia, excepto en Chianti Colli Senesi, hasta la cosecha de 2015.

La Región vinícola de Chianti hoy en día abarca las provincias de Prato, Florencia, Arezzo, Pistoia, Pisa, y Siena.  Sus viñedos producen más vino que cualquier otra zona italiana; unos 26 millones de galones (750,000 hL) al año.  El área considerada como superior, por supuesto, es la de Chianti Classico, que obtuvo su propio estatus de DOCG por separado en 1996. 


Estos vinos se caracterizan típicamente por sus notas a cerezas rojas y negras, acompañadas con sensacionas herbáceas y metálicas, apoyadas en una acidez prominente y taninos suaves.  Deben ser añejados por un mínimo de cuatro meses; 7 meses en el caso de la designación de Superiore.  Los Riserva deben ser añejados por al menos 38 meses.  

En mi opinión muy personal, los vinos de Chianti son y serán inmortales; aunque no trascendentales en sus características, sí poseen gran espíritu de familia, de franqueza, de terruño, de frescor, y son la compañía perfecta para los platos italianos más típicos.  Salud!


domingo, 30 de marzo de 2014

Brunello di Montalcino... by Gaja


¡Qué maravilla es poder adquirir en Panamá los "Brunellos de Gaja"!  La Tienda Canavaggio, boutique especializada en la distribución de vinos de lujo y de uso diario de mucha calidad, ofrece al mercado panameño los Brunello di Montalcino del prestigioso productor piamontés Angelo Gaja. 

La magna casa vinícola Gaja es una de las productoras más tradicionales de Piamonte, fundada en 1859 por Giovanni Gaja, miembro de una familia de inmigrantes españoles a Italia.  Son famosos por su sublime producción de Barbarescos y Barolos.  Bajo la brillante dirección del prominente magnate de los vinos italianos, Angelo Gaja (bisnieto del fundador), Gaja se han diversificado hacia la producción de vinos de Brunello di Montalcino, y por supuesto, los "Super-Toscanos".   Don Angelo Gaja ha sido acreditado por haber desarrollado técnicas revolucionarias en favor de la producción de vinos en Italia; de ahí, en parte, la calidad fenomenal de todos sus vinos.   Se le conoce también como "El Rey de Barbaresco". 

En 1994, Gaja adquirió su primera propiedad en las tierras de Toscana, específicamente Pieve Santa Restituta, en Montalcino.  Esta hacienda, de unos 40 acres de extensión, recibe su nombre tras la iglesia parroquial (en italiano, pieve) de Santa Restituta, ubicada dentro de la propiedad de Gaja.  Gaja estrenó su producción en Brunello di Montalcino con su añada de 2005. 

De los Brunellos de Gaja, he tenido la inmensa fortuna de haber adquirido tres, a través de la boutique de Don Jack Canavaggio.  Estos son: el 2007 Brunello di Montalcino Pieve Santa Restituta, el 2008 Brunello di Montalcino Pieve Santa Restituta, y el más ostentoso  2008 Pieve Santa Restituta Sugarille.  Me queda por adquirir el Pieve Santa Restituta Rennina. 

En el marco de la celebración de los 40 años de mi amada esposa, el mero 26 de Marzo, cenamos ella y yo en el suntuoso restaurante El Bodegón.  Para tan importante ocasión, el vino de elección fue el joven 2007 Brunello di Montalcino Pieve Santa Restituta.  Debo mencionar que, como regalo especial de El Bodegón a mi esposa y a mi, recibimos la atención directa y especial del chef a nuestra mesa, quien nos envió manjares dignos de un rey (y una reina), y ubicados perfectamente a la altura de la hermosa producción de Gaja. 

El vino, que es 100% elaborado del varietal Sangiovese, como ordena la Denominación de Origen Controlada y Garantizada (DOCG) de Brunello di Montalcino, fue fermentado por cuatro semanas en cubas de acero inoxidable.  Luego obtuvo su añejamiento de 12 meses en barricas de roble de 1er, 2do y 3er uso, y 12 meses en botella. 

Siguiendo las recomendaciones de su autor, colocamos nuestro vino en un decanter ancho, a través de las manos expertas del sommelier de El Bodegón.  Ahí reposó unos 30 minutos antes de probarlo.  Las notas de cata del productor describen su color como un rojo rubí profundo que se disipa hacia un borde rosa oscuro.  Yo anoté un rojo cerezo viejo de mediana densidad y buen brillo.  Consideré en mis notas que por premura del tiempo, no pudimos decantar este jugo por un periodo adecuado, y que por lo tanto encontramos un vino un tanto cerrado.  Empero, anoté aromas a licor de cereza y aserrín.  El productor reporta aromas expresivos con notas a cereza, frutilla silvestre, hierbas aromáticas, y bayas de enebro.   Al paladar, el productor señala la expresión de taninos maduros, acidez integrada, estructura rica y un final prolongado.  En mis notas se hace alarde al hermoso desempeño de este vino en el paladar, por la manera en que se desenvuelve desde su entrada.  Demuestra complejidad increíble y mucha armonía entre sus multiples sabores.  Definitivamente que su estructura es admirable y larga, que al conjugarse con la fruta no consigue un vino necesariamente opulento o carnoso, sino decididamente elegante, armónico, exótico, complejo, y en constante ostentación de sus taninos maduros, sedosos y de redondo final.  

Cinco elementos muy valiosos se manifiestan durante la muestra de este vino: 1) Su hermosa acidez; elemento indispensable en el desempeño de todo gran vino.  2) Su carácter de varietal Sangiovese, con elementos cobrizos, sutilmente metálicos, y conjugados con la sensación a cereza. Esto envuelto en mineralidad única de las cuatro fincas de donde provienen sus uvas.  3) Su imparable evolución.  Este vino evolucionó en decanter y en la copa de manera sostenida durante las dos y media horas que duró nuestra cena.  Nos mostró tantas y tantas diferentes caras del mismo vino.  Esto fue algo muy romántico y fascinante.  4) Su valiosa habilidad para maridar con todos los platos, todas las salsas, y todas las sazones, incluyendo, por supuesto, los postres.  y 5) Su indudable potencial para ser guardado por al menos 12, tal vez 15 años.  Este vino, esa noche, aun era un niño en desarrollo.  De mi parte, de manera muy humilde y sincera, le otorgué 94 puntos. 


Confieso no ser un goloso de los vinos de Brunello di Montalcino (más prefiero sus grandes primos de Piamonte), pero este vino nos brindó una experiencia colosal e inolvidable, muy digno del 40 onomástico de mi hermosa señora, y con desempeño comparable al de un piamontés, o al de un premier cru de Bordeaux.  Creo que todos los días se aprende algo.  Loor al Sr. Gaja, y a Don Jack Canavaggio.  Salud a todos.


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