domingo, 26 de febrero de 2012

Cine: In Time



In Time, cuyo subtítulo es Time Is Money, es un filme de 2011, en las categorías acción, ciencia ficción y suspenso, estelarizada magníficamente por Justin Timberlake, Amanda Seyfried y Cillian Murphy, junto con la niña Shyloh Oostwald, muy talentosa, debo señalar, y un elenco numeroso de jóvenes y nuevas figuras.

El guión de la película comprende una serie de planteamientos filosóficos muy interesantes, sobre los cuales yace el valor principal de este trabajo cinematográfico, en mi opinión.  Además de interesante, éste posee también evidente valor escénico, y encima es complementado por la sinergía de Timberlake y actores y actrices complementarios, lo que le da al filme un ritmo muy fluído y activo.

En el futuro la estructura económica está basada en tiempo, y por lo tanto es éste la moneda de curso legal.  Como método de selección natural, los humanos son diseñados genéticamente para parar de envejecer a los veinticinco años de edad.  Cada persona posee los dígitos de un cronómetro digital marcado en la dermis del brazo izquierdo.  Al nacer, este cronómetro cuenta con un año de tiempo, que comienza a correr cuando la persona cumple los veinticinco años.  De ahí en adelante, la vida de la persona se prolonga tanto como su caudal económico le permita, y éste se obtiene, como conocemos comunmente, mediante el trabajo remunerado (en tiempo, por supuesto) en un empleo, o por haber heredado caudal.  También se puede obtener mediante los métodos delictivos conocidos actualmente, consecuente a la avaricia humana y a la actividad criminal, y para reducir estos riezgos, las personas de diferentes niveles económicos residen en zonas escalonadas; éstas separadas por fronteras que son cruzables mediante el pago de onerosos tributos.  Es una especie de "represa humana", si se fijan.

Los ricos ganan décadas, haciéndose literalmente inmortales, con las condiciones y apariencia física de la persona de 25 años, mientras que los pobres mendigan, piden prestado o roban suficientes horas para sobrevivir el día.  Para colmo, si la población aumenta demasiado su supervivencia, el sistema aumenta los impuestos y el costo de la vida, como método adicional de selección natural.  Naturalmente la persona expira cuando su cronómetro llega a cero.  ¿No les parece eso un poco parecido a la realidad en que vivimos?

En mi opinión, dos factores trascendentales sobresalen entre los planteamientos ofrecidos por esta película.  Uno es el valor absoluto e irrefutable del tiempo.  Afortunadamente en nuestra realidad nadie muere por perder el tiempo, pero en el argumento de esta película, de hecho, en una escena la madre de Will Salas (Timberlake) muere accidentalmente por un error de cálculo y previsión de tan solo segundos.  En verdad, en la realidad nuestra, en ciertas instancias el valor del tiempo, segundo a segundo es no menos importante o vital que lo aquí descrito.  El segundo elemento relevante es la omnipresente criminalidad entre la raza humana; a veces abrigada por la necesidad; otras por la mera avaricia, la codicia, y el deseo desmedido e injusto de tener más y más.  Tal vez un tercer elemento visible puede ser la torcida gestión gubernamental que no siempre legisla en favor del bien común o de las mayorías sino arrojando un resultado que sólo favorece a un minoritario grupito de privilegiados.  Representa la clásica corrupción del sistema estatal, también inspirado en la codicia y la desigualdad.  ¿Se asemeja eso en algo a lo que conocemos en la realidad?

Tras esas tres realidades, más una falsa acusación de asesinato, la película ofrece un desenlace lleno de acción y moraleja, en el que Justin Timberlake, en su papel de Will Salas, le hace valientemente la guerra al sistema.  Es muy interesante y meditable este filme, y se los recomiendo ampliamente.



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