jueves, 26 de mayo de 2011

SERIES – Virtudes y Valores - Excelencia



Continuando con mi reflexión sobre virtudes menos comunes, al leer esta, muchos pensarán que excelencia es simplemente una cualidad; y excelente, un adjetivo. Y lo es. Sin embargo, meditemos sobre el hecho de que la excelencia es una importante virtud, y muy necesitada por la sociedad.
Anteriormente en este blog escribí sobre el valor Espiritualidad. En ese artículo ennumeré los cuatro planos de la condición humana. Situándonos en ese esquema, la santidad viene siendo para el plano espiritual, lo que la excelencia viene siendo para los otros tres (planos). La persona que perfecciona continuamente su plano espiritual, busca la santidad. Aquel que perfecciona continuamente sus planos intelectual, emocional y físico, va en busca de la excelencia. En mi opinión, la excelencia es entonces como un triatlón, y aunque diferente, se asemeja bastante a la santidad.
Se ha escrito en este blog también sobre el homenaje conocido como los "40 menores de 40", otorgado por el periódico Capital, en ciudad de Panamá. Dicha mención honorífica y meritoria es un reconocimiento a la excelencia. Puedo decir con orgullo que mi esposa, Concepción, recibió este año tal distinción. Algunos otros ejemplos de reconocimiento a esta virtud son: Premios a la Excelencia, otorgado por el Latin-American Chamber of Commerce, el Premio Principe Felipe a la Excelencia Empresarial, de España, y el Premio Rodolfo Lamie a la Excelencia, otorgado por la Autoridad del Canal de Panamá.
Comúnmente, la excelencia se refiere al nivel elevado de desempeño, que debe sobrepasar el estandar ordinario. Sin embargo, los griegos antiguos establecieron conceptos que definen varios estándares de excelencia. Estos conceptos se ven ilustrados en obras de Aristóteles y de Homero. Similarmente ocurre en la filosofía musulmana. Luego se introdujo el concepto de excelencia en el tratamiento protocolar que se da dentro de la monarquía. De ahí se deriba que al Presidente de la República se le otorga el tratamiento protocolar de "Excelentísimo Señor", y a los embajadores se les llama "Su Excelencia". Y es que de estas filosofías antiguas se deriban conceptos asociables, no solo al desempeño, sino además al alcance del éxito verdadero, al buen prestigio, la erudición y el manejo del conocimiento, al acceso al caudal de principios y valores morales, y a la obtención de la felicidad plena.
En mi opinión, no solo el Presidente de la República debe poseer excelencia. Ojalá todo funcionario público contara con esta virtud; pero al menos los jueces y administradores de justicia deben ser, no solo correctos, sino además excelentes.

Finalmente, para maximizar e idealizar la excelencia como virtud, regresemos a mirar a la excelencia como cualidad. Medita a conciencia sobre las siguientes frases: excelente maestro, excelente esposo (o esposa), excelente padre (o madre), excelente compañero de trabajo, excelente profesional, excelente jefe, excelente amigo (o amiga), excelente negociante, excelente escritor, excelente político (o líder), excelente presidente, excelente proceso electoral, excelente alumno, excelente persona, excelente deportista, excelente visionario, excelente hijo, excelente hermano (o hermana), excelente médico, excelente filósofo, excelente piloto de avión (o de barco) etc, etc.. ¿No se necesitaría tener todas estas cualidades, o muchas de ellas, para poder poseer la virtud de la excelencia? Procuremos siempre la excelencia, a toda costa.

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