lunes, 20 de octubre de 2014

Controlando las compras Impulsivas

¿Te has dado cuenta que muchas personas consideran que ir de compras es como hacer terapia? 

Gastar muchas veces funciona como un intento de fuga a los problemas o como una puerta a un nuevo mundo, o conquistas y valoración personal -un mundo que, casi siempre, queda fuera de nuestro presupuesto.

De hecho, comprar alimenta el ego. Nos sentimos bien, nuestra autoestima se equilibra.  Claro, no es pecado alguno el querer pasar algunas horas paseando por las tiendas, consumiendo bienes y productos. Ocurre que raramente nos preocupamos en respetar los límites familiares y objetivos impuestos por la planificación financiera. Dejamos que la euforia y la emoción tomen control sobre lo cotidiano y gastar se convierte en una actitud automática y habitual.

Dinero en mano, dinero que vuela!
El comportamiento es algo actualmente estudiado por un área interesante de las finanzas personales: la Psicología Económica. Temas como “las finanzas comportamentales” entran de manera definitiva en la agenda de especialistas y consultores, lo que deja un precedente para que relacionemos decisiones financieras con sentimientos. Al final, somos racionales sólo cuando queremos, y adoramos justificar nuestras pésimas elecciones.

¿Vamos a cambiar eso? 

Existen diversas formas de no comprar por impulso. Una de ellas es cargar el dinero contado para la compra deseada. Las tarjetas de crédito o débito también pueden ser usadas, a fin de cuentas emiten una nota de verificación que sirve de alerta para los gastos efectuados. Pero es necesario usarlas como herramientas de compra, facilitadoras, y no como crédito fácil.

De la misma manera, tener un objetivo definido hace que al gastar más de lo que tu capacidad te permite, se encienda una luz amarilla. Con la planificación al día y el presupuesto bien controlado, tu propia conciencia financiera será tu inquisidora y mostrará que el consumo por impulso no puede ser más importante que la realización de un objetivo deseado y planeado. Nunca.

Momentos de grandes emociones, como una boda, el nacimiento del primer hijo, ocasiones únicas como graduaciones, reencuentro con viejos amigos, etc., acostumbran a ser las peores ocasiones para el bolsillo y para el consumo inteligente. Las ganas de ofrecer lo mejor extrapolan el estilo de vida de muchas personas, lo que las coloca en una situación delicada. La solución es mantener la simplicidad y controlar el ímpetu, ajustándose a las compras que entren en tu planificación. Aprovecha las promociones y aprende a lidiar con las exigencias de la sociedad; pocas de ellas necesitan ser cumplidas a rajatabla.

La importancia del consumo: Insisto con que las buenas prácticas financieras no condenan el consumo. A fin de cuentas, a partir del consumo la economía de un país gira, crece y genera empleos. Sin embargo, no podemos concordar con el consumo indiscriminado y sin criterio. El mundo pasa por una transformación donde las viejas prácticas financieras son cuestionadas, inclusive bajo los aspectos de la sustentabilidad.

Distinguir la tenue línea entre consumir con responsabilidad y pasarse de los límites es un gran desafío. Pero, estarás de acuerdo con que este desafío necesita ser encarado con actitud, energía y deseos de cambios. Ahora, quien logra conciliar bienestar, objetivos alcanzables y planificación financiera, seguramente tendrá una vida más plena y feliz.

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