domingo, 9 de octubre de 2011

Una noche en BARcelona

 
A las 1930 del viernes, nos dimos cita Concepción y yo en uno de los ambientes lounge más elegantes de la Ciudad de Panamá.  BARcelona de TRUMP Ocean Club es el tiquete más caliente para un viernes en la noche, en esta ciudad.  El concepto “experiencia de cena” es muy claramente ofrecido en este lugar.  Se trata de un bistro con ambiente contemporáneo y muy ámplio, que ofrece cena estilo tapas, a la carta, muy completa; un bar, que además de licores premium presenta una lista de vinos muy variada y bien pensada, tanto por copa como por botella; todo esto en el ambiente romántico, cómodo, elegante y cerrado, pero además, la muy amplia terraza al aire libre, con asientos tipo lounge, vista espectacular de la ciudad en un piso 14, y música en vivo.




Pienso que el énfasis de la experiencia brindada por BARcelona es en las sensaciones, formuladas en principio por su fenomenal ambiente que ofrece amplitud, elegancia y exclusividad; apoyada luego por excelente servicio profesional y practicamente personalizado.  Una vez ubicados cómoda y agradablemente, lo siguiente es concentrarse en complacer al paladar con sabores armónicos y una lista suficientemente amplia de vinos que viene apoyada con las recomendaciones versadas del sirviente.

Concepción comenzó con la sopa de lentejas, chorizo español y otoe, mientras que yo hice lo mío con la ensalada de bacalao, tomate y aceitunas negras.  Ambos acompañamos nuestras entradas con una copa de Canals Nadal Cava Brut Reserva Rosé.  Concepción se sintió facinada por el finesse y la armonía de su plato, que le daba realce a los sabores aframbuesados y las finas notas a brioche y ligero gengibre que ofrecía el cava en la copa.  Igualmente mi experiencia al conjugar los exóticos sabores de la ensalada con el hermoso vino catalán espumante, de sutil y elegante estructura de pinot noir, fue una de meditar y generar conversación tierna y delicada con mi esposa mientras intercambiabamos miradas y expresiones de deleite y bienestar.

Poco a poco, continuamos nuestra experiencia con una orden de croquetas clásicas de jamón para Concepción, y las almejas marinara para mi.  El vino de elección fue La Crema Pinot Noir de Russian River Valley.  Las croquetas eran generosas y hechas a la perfección, en su consistencia y sabor.  Las almejas son grandes, osea bien grandes y bellas, ligeramente cocidas al vapor, y servidas en una salsa marinara de tomarte, ajo y perejil (hasta donde pude notar).  Ambos platos reflejaron armoniosamente sobre el vino en la copa, y enriquecieron nuevamente el momento y nuestra conversación. 

El tercer plato fue, en mi caso, las albóndigas en salsa campestre española, y para mi señora, el trío de mini-hamburguesas con patatas fritas parmesanas.  El vino, Robert Mondavi Cabernet Sauvignon, de Napa.  La juventud y la exuberancia de sabores a fruta silvestre y bayas oscuras, con ligeras notas a chocolate oscuro, del cabernet, maridaron a la perfección con las deliciosas albóndigas en salsa roja, y el trío diverso de sliders

Degustamos, departimos, y disfrutamos lentamente hasta que llegó la hora del dulce.  Mi acompañante pidió tomar el postre afuera en la terraza.  Nos ubicamos bajo el cielo estrellado y en compañía de buen jazz contemporáneo, y ordenamos el arroz con leche al coco, y el churro español con salsa de chocolate caliente y helado de vainilla.  A esto decidimos acompañar con una copa de Porto Fonseca Reserva 20 años.  Tan solo esta parte de la cena nos tomó al menos una hora de dulce sabores, conversación y cariño.  Aunque Concepción y yo no lo hicimos, el momento y el lugar era propicio para bailar una pieza o dos. 

En una ciudad que cuenta con una oferta gastronómica fenomenal, BARcelona se destaca por su servicio profesional y suntuoso, en un ambiente sensacional y elegante-intelectual y cómodo, que te lleva a disfrutar sin comer excesivamente, ni gastar dinero de más, y a enfocar tus sentidos en el momento, los sabores, y la compañía que decidas traer contigo.  En nuestro caso nos envió felizmente a casa y lo demás es historia.  Es una experiencia altamente recomendada para quienes vivimos en esta metrópolis, y para quienes nos visitan, y debe ser insignia de orgullo y caché.  Muchas gracias TRUMP Ocean Club Panamá.   ¡ Salud!

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